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REFLEXIONES VECINALES SOBRE LA CRISIS ASOCIADA A LA COVID-19

Llegando a los últimos días del año 2020 resulta cada vez más evidente que la crisis sanitaria asociada a la COVID-19 es una excusa para que el poder imponga profundas transformaciones sociales. Bajo un clima de miedo perfectamente diseñado, se están recortando libertades individuales, impulsando potentes mecanismos de manipulación y control social, modificando la estructura económica en detrimento de los sectores más débiles, socavando y criminalizando el contacto físico en las relaciones humanas, sembrando la semilla de la desconfianza y el distanciamiento entre familiares, vecinos y demás miembros de la sociedad.
El ser humano tiene capacidad para soportar una situación de miedo o angustia durante un breve periodo de tiempo pero si éste se alarga durante meses, tal y como está promoviendo a conciencia el Estado y el terrorismo mediático, solamente puede conducir al surgimiento de múltiples patologías físicas y psíquicas. Es necesario recordar que en nuestro país mueren por todas las causas 1200 personas cada día del año de media, de las cuales unas 300 lo hacen de cáncer. De ahí que las cifras asociadas a la COVID-19 que dan los medios tienen la única intención de generar pánico, al no ponerlas en contexto ni afirmar las causa reales del fallecimiento (pacientes pluripatológicos), dada la increíble prohibición de realizar autopsias.
No hay razones objetivas para sostener que exista desde mayo una situación epidémica. Según los datos oficiales de mortalidad tanto en Europa (consúltese EuroMoMo) como en España (consúltese Informes MoMo) la epidemia finalizó en mayo. Desde entonces no ha habido ningún exceso de mortalidad comparable con el de primavera.

La 3ª Ola pronosticada para enero por “los expertos” culpando a las reuniones familiares navideñas será en realidad el tradicional pico de la gripe que colapsa urgencias y hospitales cada invierno. ¡Basta ya de mentiras! ¡Los abrazos no matan, curan! ¡Los nietos dan vida a sus abuelos, no se la quitan!
La enfermedad no es fruto del azar. Es la respuesta de nuestro organismo ante unas condiciones de vida no saludables. Los resfriados y las gripes son procesos de desintoxicación del cuerpo, mecanismos que pone en marcha para eliminar sustancias dañinas para la salud. Nuestras propias bacterias y virus participan en dichos procesos pero en ningún caso son causantes de los mismos. Las causas habituales son el frío y los tóxicos internos (acumulados por falta de descanso y estrés) o externos (mala alimentación, contaminación ambiental, etc.).
Los coronavirus son una familia de virus que están presentes en nuestro organismo de manera habitual. Los últimos avances en biología y en medicina afirman que somos un ecosistema de células, bacterias, virus. Sin estos últimos la vida no sería posible y solamente ante circunstancias de desequilibrio nuestros propios virus y bacterias proliferan para intentar recuperar el equilibrio perdido. De ahí que toda la teoría del contagio de la enfermedad entre personas sea falsa. Una persona enferma por una determinada causa no puede transmitir su enfermedad a otra que no haya estado expuesta a dicha causa. Una clara muestra de que el coronavirus no causa la enfermedad es que se encuentra tanto en gente enferma como en gente sana.
Una enfermedad se vuelve epidémica cuando unas condiciones climáticas, meteorológicas, tóxicas, de mala alimentación o de angustia y estrés, afectan simultáneamente a un número elevado de personas. La enfermedad asociada al coronavirus no vino de fuera. Simplemente confluyeron en determinadas regiones de nuestro país las mismas causas locales que originaron la enfermedad en otros países. ¿Cuáles fueron?
El invierno 2019-2020 fue el más cálido de la historia en Europa provocando que la temporada de gripe en enero-febrero tuviera una incidencia muy baja entre las personas mayores. El COVID-19 sería un proceso gripal tardío agravado en determinadas regiones (grandes ciudades y zonas del centro peninsular) por los persistentes y altos niveles de contaminación atmosférica alcanzados en nuestro país a finales de febrero. Síntomas y daños asociados al coronavirus no habituales en la gripe común (tromboembolismo pulmonar, trombosis venosa profunda, fibrosis pulmonar…), sí lo son de exposiciones elevadas a contaminantes como el dióxido de nitrógeno o el material particulado (PM 2.5 y PM10). Son múltiples los estudios que relacionan la alta mortalidad por COVID-19 con altos niveles de contaminación atmosférica. (Puede descargar el estudio completo al final del artículo)

Entrevista publicada en Discovery Salud Septiembre 2020


Con su máxima “Divide y vencerás” y el miedo a un supuesto “contagio” el poder busca romper todos nuestros lazos convivenciales. Una sociedad completamente atomizada donde cada individuo sea independiente de sus iguales pero dependiente del Estado y el trabajo asalariado. Somos seres sociales y pretender destruir nuestra esencia es deshumanizarnos. De ahí que la principal tarea de nuestro tiempo es la de reconstruirnos como pueblo, es decir, recrear una cultura popular autoconstruida con unas formas de vida propias no dirigidas ni moldeadas por el poder. Lo que constituye al pueblo es la voluntad de convivencia. Pero es imposible recuperarla sin que haya proyectos comunes que la vertebren. Este manifiesto nace con esa idea: ser el punto de encuentro de todas aquellas personas que quieran asumir de manera individual y colectiva la responsabilidad de satisfacer todas las esferas de la vida humana (salud, educación, transmisión de información y conocimientos, cuidado de nuestros mayores,…) sin delegar en instituciones externas y hacer frente a la deriva totalitaria del Estado.

Nos tapan el rostro. Nos impiden trabajar. Pretenden imponernos una vacuna sin tiempo para estudiar los más que probables efectos secundarios a corto, medio y largo plazo. Nos prohíben movernos libremente, abrazarnos, besarnos, reunirnos en la calle y ¡hasta en nuestra propia casa! Si nos dejamos arrebatar todo aquello que nos hace humanos, ¿en qué nos estamos convirtiendo?


Si quieres contactar, recibir información o participar en nuestro proyecto escríbenos a: educomunitaria@hotmail.com

«Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la Naturaleza» Marco Aurelio

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EL VIRUS NO SERÍA LA CAUSA SINO LA CONSECUENCIA DE LA PANDEMIA

«Por primera vez en la Historia existía la posibilidad de forzar a los gobernados, no sólo a una completa obediencia a la voluntad del Estado, sino a la completa uniformidad de opinión.” 1984.

                 GEOrge Orwell

En el estudio de las epidemias la tradición médica heredera de Hipócrates, el padre de la medicina, siempre ha considerado esencial el conocimiento de las condiciones que las precedieron. El influjo de las estaciones, las calidades del aire y el agua, las malas condiciones de vida, guerras, hambrunas,… han sido históricamente las causas principales de las enfermedades epidémicas.

En la crisis sanitaria vivida este año ese estudio profundo de las causas se ha obviado. La idea  de responsabilizar a un virus de una enfermedad que se transmite entre personas por contagio es tan simple como errónea. La realidad y la vida son de una complejidad superior. Analizar y comprender las causas internas y externas, comunes y particulares de la epidemia asociada al COVID-19 es el objetivo del presente estudio. Mis argumentos están alejados de la versión oficial. No tengo ningún interés económico ni pertenezco a ninguna organización. Es la búsqueda de la verdad y el amor por la libertad lo que me ha llevado a iniciar y compartir esta investigación.

La hipótesis que planteo es la siguiente:

La epidemia asociada al COVID-19 es un proceso gripal tardío agravado en diferentes regiones por causas particulares. Sigue el patrón temporal y geográfico de la gripe que, en el hemisferio norte, se inicia en época invernal en Asia, se desplaza hacia el Oeste por Europa hasta llegar finalmente a América del Norte. A continuación recorre el hemisferio sur coincidiendo con su estación fría.

El invierno 2019-2020 ha sido el más cálido de la historia europea desde que se tienen registros. La ausencia de frío tuvo como consecuencia una temporada de gripe (con pico en Europa en la 5ª semana del año) muy leve a nivel general. Los pocos países como Grecia que tuvieron en enero-febrero un nivel de intensidad de la gripe alto han experimentado una bajísima incidencia de COVID-19. Resulta lógico que en una misma temporada no tengan lugar dos procesos gripales fuertes.

Del mismo modo ha ocurrido en España si atendemos a los diferentes grupos de edad. La incidencia de gripe ha sido alta en niños, media en adultos y baja en mayores de 65 años. El nuevo proceso gripal asociado al COVID-19 ha equilibrado esa proporción. Ha sido baja en niños, media en adultos y alta en ancianos.

La gripe es un proceso biológico de nuestro organismo, de desintoxicación, que suele iniciarse por olas de frío, pero que también puede ser consecuencia de periodos de alta contaminación atmosférica. No hay que buscar en la epidemia un origen exótico. Las causas se deben buscar en cada región, clima y lugar en donde se desarrollan. Los propios comunicados oficiales revelan que el genoma del “coronavirus español” es distinto al chino.

El persistente tiempo anticiclónico en los primeros meses del año provocó en muchas regiones el fenómeno denominado inversión térmica que, ante la falta de lluvias y vientos, concentra en una capa muy próxima al suelo todos los contaminantes atmosféricos generados en las grandes urbes, principalmente por los automóviles. La llegada de calima a la Península y a otras regiones europeas a finales de febrero disparó los niveles de contaminación no sólo en las grandes ciudades como Madrid sino en amplias zonas del centro peninsular menos habituadas a la mala calidad del aire, que por su orografía son más proclives a que las nieblas sean persistentes. Tras ese “cóctel explosivo” los casos asociados al COVID-19 crecieron exponencialmente hasta alcanzar el pico de la epidemia en 2-3 semanas.

Los principales focos de enfermedad y mortalidad han sido grandes ciudades y zonas industriales: provincia  de Hubei en China, norte de Italia, Madrid, Londres, Nueva York…, donde han confluido idénticos factores: el contaminante, el climático y el meteorológico.

Algunos síntomas y efectos asociados al COVID-19, no siendo comunes en las gripes estacionales, sí lo son de la exposición a altos niveles de NO2 (dióxido de nitrógeno), PM10 y PM2.5 (material particulado con tamaño inferior o igual a 10 y 2,5 micras respectivamente), los principales tóxicos atmosféricos que afectan a la salud humana. Es decir, efectos que se atribuyen a la acción del coronavirus son realmente consecuencia del daño que las partículas microscópicas provocan no sólo en el pulmón (tos, dificultad respiratoria, neumonía) sino en el resto del cuerpo, ya que su ínfimo tamaño les hace llegar al torrente sanguíneo a través de los alveolos.

  • Alteración de la fagocitosis alveolar: es un  mecanismo que tienen los alveolos para defenderse de agentes nocivos, lo que provocaría mayor susceptibilidad a padecer infecciones.
  • Daño celular: liberación de citoquinasproinflamatorias tantoa nivel local (en tejido pulmonar) como sistémico (en el resto del cuerpo). 
  • Liberación de  sustancias protrombóticas, es decir, que favorecen la aparición de trombos. Esto se ha descrito con la inhalación de PM10, CO y NO2.
  • Daño en el endotelio vascular (paredes de vasos sanguíneos) provocando alteraciones cardiovasculares y cerebrovasculares.

Son múltiples los estudios recientes que relacionan la alta incidencia y mortalidad asociada al COVID-19 con la contaminación atmosférica. Algunos de los principales son:

  • Association between short-term exposure to air pollution and COVID-19 infection: Evidence from China.
  • Exposure to air pollution and COVID-19 mortality in the United States.
  • Links between air pollution and COVID-19 in England.
  • Assessing nitrogen dioxide (NO2) levels as a contributing factor to coronavirus (COVID-19) fatality.
  • Relazione circa l’effetto dell’inquinamento da particolato atmosferico e la diffusione di virus nella popolazione.

El coronavirus SARS-CoV2no sería la causa de la enfermedad sino la consecuencia. Siendo los coronavirus una familia de virus presente habitualmente en el ser humano,el SARS-CoV2 podría ser un virus endógeno, que en situaciones de equilibrio en nuestro organismo no se manifiesta y que, ante una situación de ‘estrés ambiental’, como puede ser la exposición prolongada a altos niveles de contaminantes en el aire, se ha “patogenizado” (posiblemente mediante una mutación o recombinación genética) proliferando de manera intensiva como proceso biológico iniciado en nuestro interior con el fin de recuperar el equilibrio perdido. De manera similar a la gripe, puede complicarse en algunas personas, principalmente en ancianos y personas con patologías previas. No es creíble atribuirle la causa de la enfermedad cuando gran parte de los positivos en test son asintomáticos.

La frecuencia de los virus que intervienen en infecciones respiratorias es estacional. En concreto, los coronavirus suelen manifestarse entre los meses de diciembre y abril, justo en la época donde se ha desarrollado la epidemia en el hemisferio norte.

Los avances en biología de los últimos años reflejan las funciones esenciales que cumplen bacterias y virus en el ser humano y en la naturaleza. Sin ellos la vida no sería posible. El estudio del microbioma y viroma humano es una de las ramas de investigación en auge en la actualidad. Por lo que iniciar una batalla contra ellos se convierte en una lucha autodestructiva. Los graves efectos en la salud que provoca el abuso de antibióticos ya están reconocidos por el colectivo médico.  

La epidemia ha tenido una intensidad muy distinta según el país en cuestión o las diferentes regiones dentro de cada uno.

  • En Europa sólo ha sido grave en 6 países: Bélgica, Francia, Italia, Países Bajos, España y Reino Unido. En cambio no ha existido ningún exceso de mortalidad apreciable en 11 de ellos: Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Alemania, Grecia, Hungría, Luxemburgo, Malta, Noruega y Portugal.
  • En España sólo se puede considerar grave en la Comunidad de Madrid, Castilla La Mancha, Castilla y León, Navarra y Cataluña con excesos de mortalidad de un 161%, 206%, 110%, 137% y 89% respectivamente. En Comunidades como Andalucía, Asturias, Baleares, Canarias, Galicia o Murcia el exceso entraba dentro del intervalo esperado, siendo similar o incluso menor que la mortalidad registrada en el pico de la gripe en enero.
  • Si se estudia el número de fallecidos anuales de mayo a abril, las cifras de la presente temporada no son superiores a las de hace dos años, considerada una temporada de gripe fuerte.

La epidemia ha afectado a los países donde las causas de la misma se han manifestado, independientemente de las medidas de aislamiento o cuarentenas más o menos estrictas que han aplicado sus gobiernos. Éstas no han tenido ningún efecto visible en la evolución de la pandemia según el estudio Full lockdown policies in Western Europe countries have no evident impacts on the COVID-19 epidemic.Thomas Meunier.

Aquí se cuestiona la teoría del contagio como forma de propagación de las enfermedades epidémicas. Los datos y gráficos oficiales del Instituto de Salud Carlos III y el estudio del hospital madrileño 12 de Octubre (“SARS-CoV-2 infection in Health Care Workers in a large public hospital in Madrid, Spain, during March 2020”) reflejan que los sanitarios no se “infectaron” por atender a los pacientes hospitalizados sino que lo hicieron en el mismo momento que la población general. Es decir, enfermaron no por su condición de sanitarios sino por la de habitantes de una determinada región expuestos a unas mismas causas generales.

Curvas epidémicas por fecha de inicio de síntomas y fecha de diagnóstico. Casos de COVID-19 notificados a la RENAVE. Fuente: CNE, ISCIII. Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica

SANITARIOS
CASOS TOTALES

 

El que la epidemia alcanzase su pico en apenas dos semanas hace difícil de imaginar que miles de personas se “infecten” a través de una transmisión interpersonal mediante microgotas expulsadas al toser o estornudar. Observando además el gran número de familias en las que solamente un miembro enferma y el resto permanecen perfectamente sanos, sin haber tomado medidas de aislamiento. Desde el punto de vista aquí planteado, es más coherente sostener que son las condiciones atmosféricas las que provocan de forma simultánea la aparición de síntomas de enfermedad en un número elevado de habitantes, aquellos que tienen una predisposición a enfermar. Es habitual ver que tras olas de frío invernales surgen procesos gripales en parte de la población de forma simultánea, sin necesidad de haber estado expuesta a un “contagio”.

La comparación entre la curva de la gripe en los últimos años y las del COVID-19 refleja que la evolución de la curva epidémica es independiente del aislamiento social. Durante la epidemia de gripe estacional no hay encierro, ni medidas de aislamiento interpersonal, ni uso de mascarillas y demás medidas de protección individual. Ambas curvas crecen con rapidez, alcanzan el pico e inician un descenso pronunciado. Siguen el patrón habitual de las epidemias de infecciones respiratorias. La curva epidémica asociada al COVID-19 muestra que finalizó en la segunda quincena de abril.

El estudio sero-epidemiológico realizado por el Instituto de Salud Carlos III para estimar la prevalencia de infección por SARS-Cov2 mediante la determinación de anticuerpos frente al virus en España arrojó una prevalencia del 5% solamente. ¿Por qué ha cesado la epidemia teniendo tantas personas “proclives al contagio”? ¿Por qué esas reuniones de decenas de personas durante el confinamiento, tildadas de irresponsables e insolidarias no han provocado nuevos focos de infección? Porque la enfermedad no depende del contagio. Es el cese de las causas que han provocado la epidemia lo que lleva a su fin. En la segunda quincena de marzo regresó la lluvia, la contaminación se difuminó, las temperaturas se normalizaron y finalizó la época invernal.

En ningún país el fin del confinamiento ha producido una nueva ola epidémica. Los “rebrotes” anunciados por los medios son el resultado de test masivos que identifican positivos entre población asintomática, no enferma. En los hospitales no se ha notificado ningún aumento en el número de casos.

Las medidas tomadas desde los gobiernos han podido provocar más daño que beneficio.

  • Se han aplicado tratamientos médicos sin evidencia científica. Una mezcla de antibióticos, antivirales y demás que ha podido tener efectos graves en pacientes de salud deteriorada. Finalizada la epidemia sigue sin haber un medicamento que haya probado su eficacia.
  • Los estudios realizados muestran que el confinamiento no ha tenido ningún impacto evidente en la evolución de la epidemia y puede que no haya salvado ninguna vida. Por el contrario ha podido provocar miles de muertes.
  • El no tratamiento de episodios graves de salud por el miedo de los pacientes a acudir a los hospitales. Estudios realizados en EEUU, Reino Unido y España muestran el drástico descenso en la atención de accidentes cardiacos y cerebrovasculares entre otros (en torno a un 40-60%) desde que se aplicaron las medidas gubernamentales. En Reino Unido calculan unas 2.000 muertes semanales evitables.
  • El pánico es considerado una causa aumentativa de las epidemias desde la antigüedad. Es conocido que el estrés y el miedo debilitan el sistema inmunitario aumentando la predisposición a enfermar. El clima de terror que han generado los gobiernos y los medios de comunicación tiene un papel protagonista en el aumento de la enfermedad entre la población. Retransmitir diariamente el número de fallecidos sin ponerlos en contexto sólo tiene como objetivo generar pánico. Porque en España mueren diariamente por todas las causas unas 1.200 personas. Por ejemplo de cáncer lo hacen de media 300 personas al día durante todos los días del año. Se estima que la gripe a nivel mundial provoca 650.000 muertes anuales. La epidemia asociada al COVID-19 ronda las 500.000 a finales de junio.
  • El aislamiento de los enfermos de COVID-19 sin recibir las visitas y el apoyo de la familia ha provocado sin duda un empeoramiento que, en muchas ocasiones, ha llevado a la muerte. Se ha de pedir responsabilidades por las condiciones indignas y crueles en las que se han producido los fallecimientos.
  • La alta proporción de fallecidos en residencias de ancianos ha podido deberse a:
    • Contaminación del aire interior, cuya concentración puede ser de 10 a 100 veces la exterior.
    • La polimedicalización. El catedrático de Farmacología y fundador del Instituto Catalán de Farmacología Joan-Ramon Laporte advierte de los medicamentos que incrementan el riesgo de neumonía de uso habitual en esta población.
    • La vacuna de la gripe. Un estudio del ejército de EEUUconcluyó que el riesgo de infección por coronavirus se incrementaba un 36%  entre  los vacunados, en relación con el grupo no vacunado. El porcentaje de residentes vacunados de la gripe en nuestro país supera el 90%, muy por encima del total de adultos de 65 años o más, cuyo porcentaje de vacunación oscila entre el 50-60%.
    • Medidas adoptadas por las autoridades sanitarias. Prohibición de salir a la calle, suspensión de las visitas familiares, utilización de equipos de protección individual por parte de los trabajadores (mascarillas, pantallas faciales, guantes, batas, gorros,…) con la consecuente impresión que causaba en los ancianos, encierro de los residentes en sus habitaciones, en ocasiones bajo llave, y la falta de información de lo que estaba sucediendo.
    • La no derivación de los enfermos a los hospitales en algunas regiones por saturación de los mismos.
  • El “arresto domiciliario” durante semanas de toda la población ha podido empeorar múltiples enfermedades y crear en la población sana nuevas patologías, físicas y psíquicas.
  • La profunda crisis económica provocada por las medidas tomadas tendrá efectos muy graves, difíciles de cuantificar.
  • El uso obligatorio de mascarillas no tiene ningún respaldo científico. En el presente estudio se cuestiona el carácter contagioso de la enfermedad y se recuerda que la epidemia finalizó en abril. Se están omitiendo los efectos secundarios que su utilización provoca. Dificultar la respiración y empeorar la calidad del aire inspirado puede conllevar graves problemas de salud, principalmente en los ancianos durante la época estival.

Las epidemias de gripe que se producen cada año nunca han estado ligadas al “arresto domiciliario” de toda la población. Parece cada vez más evidente que la crisis sanitaria asociada al COVID-19 es una excusa para que el poder lleve a cabo profundas transformaciones sociales. Bajo un clima de miedo perfectamente diseñado, se están recortando libertades individuales, impulsando potentes mecanismos de manipulación y control social, modificando la estructura económica en detrimento de los sectores más débiles, socavando y criminalizando el contacto físico en las relaciones humanas, sembrando la semilla de la desconfianza entre familiares, vecinos y miembros de la sociedad.

Mientras sigamos pensando que la enfermedad es fruto del azar y que las enfermedades epidémicas se transmiten por el contagio entre personas estaremos dando pie a que nos vuelvan a confinar. Sin miedo, hemos de asumir la responsabilidad del cuidado de nuestra propia salud. Ésta depende de los alimentos que comemos, del aire que respiramos, del ejercicio que realizamos, del entorno en el que vivimos, pero aún más de una vida relacional rica e intensa.

Podrán arrebatarnos todo pero hay algo que ningún poder podrá eliminar: la libertad espiritual, de pensamiento, de decidir cuál va a ser nuestra actitud ante una determinada situación. Vienen tiempos difíciles en los que la esencia de la condición humana está en riesgo. De nosotros depende.

Si quieres contactar, recibir información, participar en nuestro proyecto o recibir la versión completa del estudio (87 pág.) escríbenos a: educomunitaria@hotmail.com

¡Gracias a tod@s por leerme!

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